viernes, 18 de mayo de 2012

The master and Margarita. Compañía Complicite. Festival de Otoño en Primavera.


El Festival de Otoño en Primavera es esencialmente un festejo de teatro extranjero en la villa. Lo que costaría un riñón en otra ciudad (Londres, por decir), aquí se disfruta y aplaude a precios económicos y hasta con buenos descuentos si las entradas se compran con antelación. El Festival ha hecho que el público de Madrid se eduque en las tendencias teatrales internacionales y que desarrolle un gusto sibarita. Por los asfaltos de la plaza de Santa Ana, Legazpi y ahora el Canal se han paseado figuras como Peter Brook, Deborah Warner, Sam Mendes o compañías como Cheek by Jowl y Propeler. Como resultado, el aficionado teatral anda ya muy ducho en lo que se cuece por las distintas plazas europeas.

Este año el nuevo aliciente era la compañía británica Complicite. Su carta de presentación es el uso de nuevas tecnologías (algunas prestadas de disciplinas como el videoarte) en sus montajes. La escenografía (en su nueva concepción tecnológica) alcanza un primer plano y en la propuesta de Complicite más que de escenas es preciso hablar de videoescenas. ¿Pero es suficiente la destreza tecnológica para hacer que un espectáculo asombre? Rotundamente: no. ¿Y qué ocurre cuando sacrificamos todos los elementos teatrales por la escenografía digital y los fastos sonoros? Pues que sin muros de carga, el espectáculo acaba en deriva. Éste ha sido el terrible defecto de la pieza The master and Margarita de la compañía teatral Complicite, basada en la novela del autor ruso Mikhail Bulgakov y cuya puesta en escena ha corrido a cargo del cabeza del grupo inglés, Simon McBurney.

Pero lanzada la piedra, mejor es no esconder la mano. La escenografía (en contra del paradigma de Peter Brook) es un elemento valiosísimo en un montaje teatral. Envuelve al espectador, lanza guiños sobre la obra y permite el desarrollo de acciones en espacios múltiples que se muestran como uno sólo al espectador. La revolución tecnológica de finales del XX se incorporó al teatro aportando soluciones escénicas y logrando efectos, en ocasiones, epatantes.

Si los museos decimonónicos importaron las nuevas tecnologías a la experiencia del visitante, con mucha más razón de ser lo hizo el teatro, que es un ente vivísimo que se define por el momento en que se representa. Toda mirada a una obra, por muy clásica que sea, se hace desde el presente. Por tanto, es natural que las artes escénicas hayan mutado y vampirizado las creaciones artísticas de otras disciplinas como el net-art, la arquitectura, el video-arte, etc.. Quienes lo entendieron hasta alcanzar el éxito mundial y el salto al espectáculo en plaza pública (y olímpica) fue la compañía catalana la Fura dels Baus. La máquina, lo digital, la grabación en directo, el envite al público, se convirtieron en sus señas de identidad y lograron alcanzar grandes logros en los que ni la actuación ni la representación fue sacrificada por la excelencia tecnológica. En 1998, la Fura estrenó Fausto versión 3.0 que comparte con The master and Margarita el mismo mínimo común denominador: diablo, Margarita y tecnología escenográfica. Pero hay un abismo entre las dos representaciones. La de la Fura, además de provocar e integrar las soluciones digitales, es una mirada personalísima al universo de Goethe, mientras que en la propuesta de Complicite, salvo momentos elegidos, gran parte de la representación es una sucesión de BIM-BAM-BUM con video-escenas de fondo. Sólo cuando la calma llegó a las tablas y un estremecedor Paul Rhys entró en escena (diabólica) con Sinéad Matthews, los árboles por fin dejaron ver el bosque y el arte surgió.    

La clá
www.lacla.es

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Complicite:
http://www.complicite.org/flash/

La fura dels baus:
http://www.lafura.com/web/index.html

Imagen de The master and Margarita por cortesía de Complicite y el Festival de Otoño en Primavera. Autor: Robbie Jack.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Los Max 2012 desde el foso.

La triada de la noche:
Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba e
Irene Escolar
En un lunes lluvioso de puente, Madrid acogió los premios Max de teatro. Lo bueno que tiene Madrid es que hasta en tales circunstancias te salen al paso un buen puñado de devotos. La profesión artística es, de natural, muy agradecida para estos menesteres y corren ilusionados a la alfombra roja de las vanidades. En el caso de los Max cierto es que se respira un halo de esfuerzo recompensado. Hay menos tacones y más coletas masculinas y algún excéntrico intelectual (tipo el orientalizado Fernando Arrabal – ver foto más abajo -). La pose descoyuntada se reserva para los Goya y las portadas de revistas. Aquí hay mucho compañerismo y necesidad de pertenecer a la manada. Blanca Portillo, en unas palabras tras recoger el premio a Mejor Dirección de Escena, así lo atestiguaba: “el teatro nunca tiene que ver con una persona (…) No es un actor, un iluminador, un músico. Es un grupo de personas”. Ese esfuerzo compartido y un no mirarse a los ombligos que proclamó la conductora de la gala, Petra Martínez, fue el pistoletón de salida que arrancó una gala dedicada al público familiar. Sin embargo, y aunque por el escenario se pasearon profesoras de escuela, arquitectas, una baloncestista y hasta una joven cantante (muy a lo Shirley Temple), lo cierto es que finalmente el público no fue el homenajeado, sino la profesión de actor. Curioso, por tanto, que el guión de la gala fuera por un lado, mientras que los premiados incidieran, sin discurso aprendido, en meritar el oficio.



El equipo de La avería
con Blanca Portillo, una de las galardonadas
La noche tuvo, pues, dos líneas dramáticas. Un texto y un subtexto. Mientras en el escenario televisivo del Circo Price la presentadora Petra (con cierta dosis de humor a lo Chus Lampreave - ¡qué grande! -), quitaba hierro a la seriedad de unos premios dedicados al teatro, en el atril y en la sala de prensa los galardonados festejaban sus “maximinos” a proclama viva. La primera en hacerlo fue Blanca Portillo a golpe de titular. Los actores son “la masa con la que se hacen los sueños, los atletas del alma”. Con los cinco premios de la noche recompensaba, quizás, el mal sabor de boca de un año difícil marcado por la polémica del Festival de Mérida. Sabiamente reconoció haber aprendido mucho este año pasado, aunque sin certeza alguna sobre si esas enseñanzas le serán útiles en un futuro.


Miguel del Arco mantuvo su discurso
reivindicativo en la recogida
del premio Max
Siguiendo con la sub-trama de la noche, Miguel del Arco (director y guionista de Veraneantes y camarilla de Kamikaze Producciones) habló sobre su evolución como intérprete. Comenzó como bailarín, continuó como actor, y ahora “he encontrado mi sitio como director” dijo en declaraciones después de recoger el premio por mejor adaptación de obra teatral. En respuesta a una pregunta de Rosana Torres (cronista de teatro en el periódico El País), reflexionó sobre la labor de adaptación teatral. “En el momento en el que coges un texto, lo toques o no lo toques, siempre hay una adaptación”. Y ésto es así, concluyó, por la propia elección de los actores o la escenografía, que finalmente llevan a que exista una adaptación. Con este discurso, y con premio en la mano, negaba casi la categoría por la que había sido galardonado. No perdió el tono reivindicativo de la edición del año pasado en la que se quejó de los impagos de los ayuntamientos y puso sobre la mesa que Veraneantes, pese a los éxitos de la noche, no tiene contratación. El panorama hoy seguramente será bien distinto.




Alfredo Sanzol defendió la necesidad
de continuar ofreciendo
buen teatro
Otro de los protagonistas de la noche, Alfredo Sanzol, galardonado como autor teatral por Días Estupendos, explicó de dónde viene esta nueva generación de actores y directores. “Nosotros somos ante todo aficionados al teatro”. El motivo es que alguien en los años ochenta y noventa “se ocupó de que pudiéramos ver buen teatro (…) y mi generación somos el fruto del esfuerzo de aquellos años”. Pero a la vez alertó de los efectos colaterales de los recortes: “los problemas de ahora pueden hacer que en unos años esta curva ascendente no continúe”.

Ahora bien, el gran momento de los premios Max fue el merecidísimo galardón honorífico a Julia Gutiérrez Caba. La actriz realizó una puesta en escena impecable: llegó acompañada de su hermano Emilio Gutiérrez Caba y de su sobrina-nieta Irene Escolar, y la tríade apenas se despegó en toda la noche. Con ellos de la mano, Julia materializó en imagen lo que otros habían ido diciendo de palabra. Que el teatro es una familia, una composición de muchos en la que se mezclan productores, intérpretes y directores, como en la saga de los Caba. Por ese motivo dedicó, a sabiendas y con alevosía, el premio a su propia familia. Y rememorando el pasado, sutilmente introdujo la reivindicación cultural tan traída durante la noche. El teatro en la España de la posguerra no fue sólo un bello juego, dijo Julia Gutiérrez Caba, sino también algo indispensable en un país. Ahí queda eso.

La clá
www.lacla.es

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Premios Max de Teatro y listado de ganadores en: www.premiosmax.com



Una mirada a los Premios Max (fotos de La clá):


Fernando Arrabal, nominado
como dramaturgo por Fando y Lis
Ernesto Caballero, dramaturgo y
director del CDN
Vicky Peña y Mario Gas:
figuras del Teatro Español
Antón Reixa a la derecha,
recién elegido Presidente de la SGAE
José Miguel Fernández Sastrón,
candidato a presidencia de SGAE
Emma Suárez y Blanca Portillo
de La avería
Un elegantísimo Asier Etxeandia,
premiado como mejor actor
por su fiscal geriátrico en
La avería


















Carmen Machi, galardonada por
Falstaff, de la que dijo había
sido injustamente tratada



Manuela Velasco, guapa y estupenda
en Todos eran mis hijos

Tricicle
El equipo de Veraneantes,
premiadísimos.
María Pujalte. Divertidísima en
la serie Los misterios de Laura


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martes, 1 de mayo de 2012

´Tis pitty she´s a whore. Matadero de Madrid (Teatro Español) y en gira.

En 1925 Ortega vaticinaba que Europa entraba en una era de “puerilidad” en la que primaría el culto al cuerpo y a la juventud y con ellos llegaría la marea del deporte (que comenzaba entonces a acaparar portadas de periódicos). Hace unos días Pep Guardiola, entrenador del Barça (por si alguien no se hubiera enterado), anunciaba que abandona el equipo de fútbol o la máquina global de entretenimiento. En una de esas conversaciones que el Banco Sabadell ha producido para promocionar sus productos de ahorro, Guardiola charla con Fernando Trueba. El director de cine obvia (voluntariamente) que habla con el jefe de pipiolos como Messi, Piqué & co. y se queja de la adoración desmesurada a la juventud que predomina en nuestra sociedad. En definitiva, y como hiciera en 1925 el filósofo español, Trueba se lamenta de la sobrevaloración de los jóvenes.

Salto y voltereta ahora al pasado. Pleno siglo XVII: en la Inglaterra post-jacobea John Ford, un dramaturgo coetáneo a Shakespeare, escribe ´Tis pitty she´s a whore (Lástima que sea una puta). Este drama es un relato bestial sobre las consecuencias de una relación incestuosa entre unos hermanos, Giovanni y Annabella. Pero a la vez es una narración radicalizada de las pasiones de juventud. La vitalidad y los excesos pueriles caracterizan a los personajes de esta obra. Dicen los estudiosos que para satisfacer los gustos teatrales de la época (acostumbrados a las enrevesadas tramas shakesperianas), Ford tuvo que ingeniar un drama extremo, una mezcla entre dos de las primeras obras del dramaturgo inglés, Tito Andrónico y Romeo y Julieta. El resultado es ´Tis pitty she´s a whore en la que la provocación comienza por el título, continúa con el amor incestuoso y finaliza con una escena sanguinolenta. Las semblanzas con Romeo y Julieta son claras: hay por un lado, una pasión imposible de mocedad (la que viven los hermanos) y por otro, un amor (el de Soranzo por Annabella) abocado al fracaso.  Los celos son aquí importantes. Los siente Soranzo por el amante de la mujer a la que desposa embarazada de otro. Los padece Hippolita, la viuda que aspiraba a ser la mujer de Soranzo y que maldice al joven matrimonio el día de su boda. Y quizás pueda decirse que también los vive el tortuoso Giovanni por el marido de su hermana y antigua amante.

Puede que el lenguaje de John Ford sea mucho más pobre que el de Shakespeare y que sus diálogos no alcancen la perpetuidad de las sentencias que han quedado de los personajes de este último, pero su contribución a la dramaturgia es, sin duda, el personaje de Annabella. El montaje de Cheek by Jowl, quizás el más compacto que se ha visto hasta ahora en Madrid, se centra en ella desde la entrada en sala. Una joven adolescente escucha música en su cama con gesto desvergonzado. En las paredes cuelgan pósters, entre ellos el de la serie True Blood. Los vampiros son la petrificación de la juventud violenta, así que qué mejor elemento escenográfico. La actriz Lydia Wilson (a la que se conoce por su papel en la serie Black  Mirror producida por Endemol) interpreta a Annabella y es el centro de las miradas durante toda la representación. Sus gestos y presencia son magnéticos y su interpretación es poderosísima. Cierto es que el resto del montaje acompaña tan alto nivel. Los actores Jack Hawkins (Soranzo), Lizzie Hopley (Putana) y Laurence Spellman (Vasques) están estupendos. Las coreografías musicales, los elementos cómicos, los juegos de planos escénicos, el rojo vivísimo del escenario, la cama – pedestal  y el acompañamiento de magníficos actores crean un ambiente que absorben completamente al público en una obra de hace cuatro siglos.  En una entrevista de 2006 para Marcos Ordóñez de El País, el director artístico de Cheek by Jowl, Declan Donnellan, afirma que Peter Brook le enseñó  a buscar siempre hacia lo hondo pero sin perder la levedad. Para Donnelan, Brook “es un alquimista, que combina admirablemente lo sacro y lo profano. Graduar ambas cosas es algo esencial a la hora de plantearse un espectáculo”. Estas enseñanzas toman forma, más que en ningún otro espectáculo de Cheek by Jowl que haya traído el Teatro Español, en esta obra. Con una inmensa naturalidad, la compañía pone frente al público una trama de sexo y amores que repugnan a la moral y al orden público. Y pese a ello, se siente compasión y empatía hacia Annabella, aunque de vez en cuando recordamos sus pecados. Lástima, pues, que su comportamiento pasado haya sido tan obsceno, de otra forma quizás hubiera logrado la redención.

Lástima que sea una puta es una obra impúdica y radical que difícilmente podría originarse en estos tiempos censurados por la corrección política. Es un canto vital a la juventud desbordada y sin tapujos y a sus pasiones amorales. En esta entronización de la mocedad, sólo tienen cabida el sexo y el divertimento. Annabella, que es su máxima representación, es un personaje pueril y trivial que debe ser asesinado por su autor antes de que madure y pierda su extrema vitalidad. Esta vanagloria de los ímpetus juveniles, y de la que se lamentaba Ortega, la han replicado personajes del siglo pasado como Marilyn Monroe o James Dean. Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver. No es una frase del actor americano, sino el epitafio de Annabella. ´Tis pitty she´s a whore.

La clá

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´Tis pitty she´s a whore. Cheek by jowl. En gira:

Entrevista a Declan Donnellan en El País (24 junio 2006)
http://www.cheekbyjowl.com/media/press/articulos_espanol_012008.pdf

La deshumanización del arte y otros ensayos de estética. José Ortega y Gasset. Colección Austral.

Banco Sabadell. Conversaciones sobre el futuro.
https://www.bancsabadell.com/cs/Satellite/SabAtl/Conversaciones-sobre-el-futuro/1191359489993/es/

Imagen:
Una imagen de la representación con todos los actores en escena. Por cortesía del Teatro Español.


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domingo, 29 de abril de 2012

XV Edición Premios Max de Teatro. Emisión en La 2.

Los premios ya sabemos todos cómo son. Meritan a muchos, olvidando a otros y acaban destacando a uno. Lo importante es participar, pero aún así nos gusta tener galas de premios. El próximo 30 de abril se celebra la XV edición de los premios Max de Teatro. Desde que los Oscar® perdieron el pálpito de lo imprevisible (en parte por la reconversión industrial del cine americano en una fábrica efectivísima de fast-movies), ceremonias como los Max  ofrecen su chispa de atractivo. De entrada porque la gala no suele ser eterna y, como añadido, porque la escultura - trofeo es una rarísima excepción de buen gusto (qué bien encargado estuvo en su día el diseño al artista Joan Brossa).  

Concurren a los Max aquellas obras o espectáculos estrenados, reestrenados o en gira entre el 1 de septiembre de 2010 y el 31 de agosto de 2011 que estén además inscritos (bien las obras o los autores, según el caso) en la SGAE. Entre las favoritas de este año, por estar además nominadas a mejor espectáculo de teatro, están Todos eran mis hijos (reseñada en La clá: http://www.lacla.es/2010/10/todos-eran-mis-hijos-teatro-espanol.html), La avería y Veraneantes. La última escapó a este blog, y de La avería decir que pese a sus muchos aciertos (los actores y la caracterización, principalmente) chirriaron el micro incorporado y la duración de la adaptación (algunas escenas musicales eran eliminables). Así que como espectáculo la apuesta de La clá es para Todos eran mis hijos de Mario Gas (sería, por añadido, un reconocimiento a Mario Gas por los montajes americanos traídos al Español). Aunque no esté nominada por esta obra, merecería ser galardonada como mejor actriz Gloria Muñoz en el papel de esposa. Ver a Vicky Peña es siempre un gozo, pero entre los dos papeles femeninos montados por Mario Gas, es decir, entre la Blanche Dubois tenessiniana y la Kate Keller milleriana, este blog se posiciona por la última. Puestos a elegir, claro está, porque justo es decir que tanto los personajes originales, como su recreación por Vicky Peña y Gloria Muñoz, son superlativos. En cuanto al rol masculino, los nominados coinciden con los tres espectáculos mencionados. Hipólito es un actor intratable (¡¡es que en estos años no se le conoce papel malo ni regular!!), y a Joe Keller, como es propio de él, lo radiografía. Sin embargo, la votación (con perdón, por desconocimiento, del rol de Israel Elejalde) la gana Asier Etxeandía por su histriónico y geriátrico fiscal Kummer en La avería. Y hasta aquí la breve porra para los Max. El listado completo de nominados se puede ver en la web oficial: www.premiosmax.com.

La  gala la dirigen artísticamente Olga Margallo y Antonio Muñoz de la Mesa y la presentará, como maestra de ceremonias, Petra Martínez. El hilo conductor serán las artes escénicas para público familiar. Últimamente se ve cómo la cartelera teatral va ampliando su oferta a los más pequeños y aunque las propuestas escénicas de espectáculos infantiles son todavía muy desiguales, su popularidad y florecimiento lograrán que el nivel vaya subiendo. La calidad del teatro siempre depende del público, y es importante que padres y pequeños vayan convirtiéndose en eso que se llama masa crítica.

La gala de los Premios Max se emite este lunes 30 de abril en La 2 de TVE a partir de las 22 horas. ¡Mucha mierda!.

La clá
www.lacla.es   

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XV Edición Premios Max de Teatro.
www.premiosmax.com

Todos eran mis hijos. Reseña de La clá:
http://www.lacla.es/2010/10/todos-eran-mis-hijos-teatro-espanol.html

Un tranvía llamado deseo. Reseña de La clá:
http://www.lacla.es/2011/03/un-tranvia-llamado-deseo-teatro-espanol.html

Logo y cartel de los Premios Max por cortesía de SGAE.

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domingo, 22 de abril de 2012

XXIX Festival de Otoño en Primavera. Edición 2012.

¡Ay! En estos tiempos de malas noticias, recortes y anuncios de penurias en todos los sectores (incluido el de las artes escénicas), debemos congratularnos de lo que tenemos y disfrutarlo mientras dure. La noche de los teatros, prevista para el 29 de marzo, se fue al traste por acertar en fecha con el día de la huelga general.

El festival otoñal (reubicado desde hace unos años en primavera) ha aguantado la envestida de estos tiempos. Así que este año vitoreamos muy especialmente la nueva edición del "Festival de Otoño en Primavera" que se celebrará del 9 de mayo al 3 de junio. 23 espectáculo escénicos, 6 estrenos absolutos y sospechosos habituales como Peter Brook. Hay donde elegir en un festival que con su título estrambótico recuerda el de la película de "El inglés que subió una colina y bajo una montaña". Hasta el 9 de mayo hay descuentos en las entradas.

La clá
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Festival de otoño en primavera 2012:
http://www.madrid.org/fo/2012/es/index.html

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sábado, 3 de marzo de 2012

Elling. Teatro Galileo. Madrid.


La sociedad moderna sufre un ritmo endiablado. El fast food, el correo electrónico, los SMS (ahora el wasap), las it-girls, el twitter, los hedge funds… En la conocida viñeta cómica de Bill Watterson, Calvin le dice a Hobbes “¡La gente es inculta! ¡Todo lo quieren rápido y fácil!” a lo que el tigre responde “El artista siempre sufre” ( Vid. original de la tira en http://www.gocomics.com/calvinandhobbes/1990/12/30 ). En esta tesitura no es de extrañar que las enfermedades mentales se hayan convertido en la pandemia del siglo XXI. La tuberculosis ha dejado de ser el azote de la salud humana, pero en su lugar se han instalado la depresión y el estrés. Lo más paradójico de estos padecimientos es que la estructura social los aparta del propio sistema. Las prestaciones sociales en psiquiatría son ínfimas en comparación con otros males de la salud. No hay suficientes plazas ni centros dedicados a la sanación mental. Los telediarios hablan de dermatitis atópica y celiacos, pero los manicomios y hospitales psiquiátricos raramente captan la atención del foco público. Los enfermos se convierten en exiliados de una sociedad que no tiene tiempo de parar a comprender.

Ésto ocurre aquí en Madrid, pero también en Oslo, ciudad en la que viven los protagonistas de Elling, la película noruega que Andrés Lima (Animalario) ha adaptado para el teatro con Carmelo Gómez (Elling) y Javier Gutiérrez (Kjell Bjarne). Los dos protagonistas son internos de un manicomio que obtienen un apartamento en el que vivir en régimen abierto a modo de prueba, es decir, hasta que demuestren que pueden cuidar de sí mismos e integrarse en el entorno. Carmelo Gómez es el loco cuerdo, una persona consciente de sus debilidades mentales con pánico a vivir sólo y sin la protección de todo aquéllo que le resulta familiar. Javier Gutiérrez es el loco estructural cuyas disfunciones vienen de fábrica. En el manicomio los dos crean entre sí una fuerte complicidad y un vínculo afectivo que les reporta la “libertad condicional” en un apartamento supervisado por los servicios sociales.

Sobre la adaptación teatral del original cinematográfico de Lima hay que decir que es muy desigual respecto a cada uno de sus elementos. La traducción del guión en texto dramático es especialmente correcta durante la primera hora, pero luego resulta reiterativa, pudiéndose acortar parte de la obra. La historia y los diálogos son buenos pero la impresión es que en ocasiones las escenas se repiten. Con algo de edición la obra seguramente ganaría en solidez y unidad. Respecto a la escenografía, algo ha debido quedar de Urtain en Andrés Lima porque asistimos a un escenario que es un rin en el que Carmelo Gómez y Javier Gutiérrez luchan y pelean. Es ciertamente un espacio que se acomoda bien a la interpretación circular y caótica que ofrecen los actores. Los únicos cambios escénicos que se producen son los de los juegos de luces (estupendos) y los movimientos de muebles como parte de la acción dramática. Respecto a esto último, los recursos para mezclar realidad escénica con el entorno de butacas acaban siendo algo molestos. Cansa ver cómo se comen plátanos, pizzas, se bebe y lanza agua a las primeras butacas, y se merodea cercanamente al público. Un guiño está bien, pero la interrelación constante cansa y ni siquiera parece que obtenga justificación (como sí suele ocurrir en los espectáculos de La Fura dels Baus).

Hasta aquí los peros y las propuestas de solución: acortar la obra y obviar al público de la acción escénica.

Vamos con los aciertos. Fantástica y atrevidísima dirección actoral y actuación. Carmelo Gómez es un gran actor y aquí lucha con su imponente presencia física para interpretar a un ser frágil y tierno. En los momentos de contención y sobriedad es cuando mejor lograr su objetivo. Quizás por ser un personaje también desequilibrado, el personaje de Elling construido por Carmelo Gómez recuerda en gestualidad al de Robert De Niro en la película Despertares. Junto a él, Javier Gutiérrez alcanza lo magistral en su papel de loco de remate. En cada una de sus escenas absorbe la atención del público y aunque su personaje repite numerosos tics, éstos no resultan molestos sino que se comprenden perfectamente dentro de su estado mental. La fuerza que Gutiérrez despliega en escena resulta verdaderamente asombrosa.

La obra ha obtenido el mayor de los éxitos que se puede obtener, que es el del público, y se ve recompensada con la prórroga en cartel hasta abril en el Teatro Galileo de Madrid. Los aplausos al final de la función premian el ejercicio físico y la maestría interpretativa desplegados por el tándem Gómez – Gutiérrez. Sin duda, lo mejor de Elling.

La clá
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Elling. Teatro Galileo Madrid.
http://www.ellingteatro.es/

Calvin & Hobbes. Bill Watterson.
http://www.gocomics.com/calvinandhobbes/1990/12/30

Imagen:
Un momento de la representación con Carmelo Gómez , Chema Adeva y Javier Gutiérrez. Fotografía de Valentín Álvarez cortesía de Smedia.

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domingo, 26 de febrero de 2012

Exposición Camerinos. Teatro Español y Plaza de Santa Ana. Madrid.


Ultimísimos días para disfrutar de la muestra fotográfica Camerinos que se exhibe en el Teatro Español y la plaza de Santa Ana de Madrid. Primeros rostros de grandes actores que han pasado por las tablas de la escena, en especial, de la madrileña. El autor es el fotógrafo Sergio Parra (www.sergioparra.es), un habitual “ilustrador de imágenes” de la cartelera teatral. La exposición tiene el gran aliciente de que es gratuita y principalmente callejera. El viandante se topa con las enormes reproducciones al ir al Español o a la cervecería alemana de Santa Ana. Son 51 retratos de grandes actores (curiosamente en su mayoría mujeres) que se miran y observan en el espejo del camerino o a través del espejo de la cámara de Parra. Miradas concentradas, perdidas, empapadas del personaje… Así retrata el fotógrafo a Nuria Espert, Blanca Portillo, Maribel Verdú, Carlos Hipólito, José Luis Gómez, Silvia Abascal, etc. Todos ellos han sido fotografiados minutos antes de salir a escena, en los previos a la acción teatral: casi en el instante de la transfiguración (que diría Marcos Ordóñez).

Paseando en torno a las súper-reproducciones, el aficionado juega a rememorar los espectáculos que en su día vio. Pequeños brochazos de cada obra quedan en el recuerdo, pero en algunos casos lo suficientemente poderosos.

En la fachada, varios grandes. La dama Nuria Espert vestida de Celestina en el montaje del canadiense Robert Lepage, del que vivamente perdura no sólo la interpretación de Espert, sino sobre todo la escenografía fortificada y la música de ese instrumento del Medievo que es la zanfona. A su izquierda, Vicky Peña, que compite en maquillaje por su personaje de pastelera mortífera en Sweeney Todd. Y aquí un alto ante quizás uno de los mejores espectáculos de los últimos años. El musical puesto en escena por Mario Gas fue una de esas vivencias tan extraordinarias que debería imponerse por decreto su reposición cada dos años, como hace la Zarzuela con Los hijos del Capitán Grant.

Seguido a la izquierda, se encuentra Carlos Hipólito: actor que tiene la cansina virtud de estar siempre correctísimo en todos sus personajes. No resbala en ninguno de sus caracteres, y eso que pasa de perdedores (Glengarry Glen Ross) a inmorales (Todos eran mis hijos y Follies), casi sin cambiar de traje.

Girando el eje gravitacional y mirando hacia el conocido como hotel de los toreros de la plaza, unos claros ojos, los más hipnóticos, miran sardónicamente hacia algún lugar. Es Ralph Fiennes en su papel de Marco Antonio en el montaje de Julius Caesar dirigido por Deborah Warner. Otro de esos momentazos escénicos de Madrid del que destacan fuertemente en la memoria la interpretación de Anton Lesser (su representación de Brutus rozó el magnetismo político del propio Sarkozy), Simon Russel Beale y, claro está, esos ojos cautivadores de Fiennes que hechizaron al público “romano” con el emocionante soliloquio shakesperiano.

Siguiendo la hilera, se suceden un gran número de actores, papeles y representaciones. Mirando los rostros semi-maquillados es difícil saber si cada uno ya se ha calzado el personaje o esperará a pisar las tablas.

Salvo prórroga, el 26 de febrero se desmontarán las fotografías, aunque todas ellas pueden verse aún publicadas en la web del proyecto Camerinos http://www.camerinos.es/home-ellas.htm o en la del propio fotógrafo www.sergioparra.es.

La clá
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Referencias:

Camerinos. Exposición Teatro Español.
http://www.camerinos.es/home-ellas.htm

Sergio Parra. Fotógrafo.
www.sergioparra.es

Imagen:
Detalle de la exposición. Fotografía de Vicky Peña de Sergio Parra por cortesía del Teatro Español.


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